06-24/2026
Cuando llega el calor sofocante del verano, te envuelve como una pesada manta. La energía se agota y el simple hecho de cocinar o incluso salir a la calle se convierte en una tarea ardua. En esos momentos, nada reanima tanto el espíritu como una piña fría, dulce y ligeramente ácida: refrescante, vibrante y con un toque tropical que disipa el letargo. Pero la realidad de las piñas frescas suele destrozar el sueño: pelarlas, la parte central dura, quitarles el centro con dificultad y remojarlas en agua salada para reducir cualquier posible irritación. De repente, la idea pierde todo su atractivo.











